Liderazgo femenino en las actuales revueltas

Las mujeres sudanesas, en el corazón de la revolución

 

Las revueltas pacíficas a lo ancho del país ya han entrado en su segundo mes, con unas 50 personas dadas por muertas, docenas mutiladas o heridas y cientos detenidas por el régimen. Sudán ha sido durante tres décadas un país en resistencia al gobierno totalitario de Omar al-Bashir. Tras el golpe de estado que lo llevó al poder en 1989, la vida bajo el gobierno del National Congress Party ha estado plagada de desapariciones, asesinatos y destrucción. La corrupción y mala gestión han arrastrado al país a la pobreza y la guerra civil, y la gente ya ha dicho basta.

A lo largo de estos 30 años, los movimientos en pro de un cambio han sido reprimidos cada uno más brutalmente que el anterior. Durante uno de ellos, en septiembre del 2013, un activista arengó a la gente para que salieran a la calle ya que en caso contrario «más les valdría ponerse los pañuelos y quedarse en casa (como las mujeres)«. Este comentario no solo fue misógino y degradante, sino que obvia que las mujeres son y siempre han sido una parte fundamental en la resistencia contra la injusticia criminal del régimen de Sudán, a menudo a expensas de su libertad y seguridad personal y la de sus familias.

 

En las calles

Mujeres de todas las edades y procedencias han estado en primera línea de las marchas pacíficas desde el primer día –incluso liderándolas valientemente–, a pesar de los gases lacrimógenos, los asaltos, arrestos y el uso de munición real.

Cientos han sido detenidas, golpeadas y rapadas por las fuerzas de seguridad, volviendo inmediatamente a las calles tras ser puestas en libertad. Su presencia en las protestas también ha tenido otro efecto: aportan una motivación única a las masas con sus estimulantes cánticos, alentando a todo el mundo y haciendo que la gente –los hombres– se lo piensen dos veces antes de salir corriendo. En los barrios y vecindarios, las mujeres abren sus casas para proteger y ocultar a manifestantes, y ofrecen comida, agua y asistencia a las personas heridas.

 

Activismo organizado

En la oposición a un gobierno belicoso como el de Sudán, las mujeres no se limitan a las reacciones en las calles, sino que algunas son especialmente visibles como activistas organizadas. De hecho, las activistas mujeres parecen irritar especialmente al régimen, a juzgar por los arrestos preventivos in situ de los que son objeto. En ocasiones permanecen retenidas durante días y semanas, a lo que se suman a menudo abusos físicos y maltrato verbal y amenazas. Su organización, tenacidad y habilidad para entrar en contacto con gente a la que sus compañeros hombres no tienen acceso –otras mujeres, familias o parientes– las convierte en especialmente efectivas. Asimismo, sus roles no están limitados a los eventos más visibles, luchando diariamente por los derechos de las mujeres, la libertad de expresión y una gobernanza justa. El grupo de mujeres No to women’s oppression ofrece apoyo y ayuda legal, organiza campañas de sensibilización, y monitorea la violación de derechos humanos, un componente fundamental de la resistencia.

Otros grupos de activistas como Sudan Change Now, Girifna y el Central Committee for Doctors entre otros, han sido un motor vital tras los movimientos actuales y pasados, y las mujeres representan una base sólida de estos grupos, incluso detentando posiciones de liderazgo y portavocía. Su importancia las ha hecho especialmente tendientes a sufrir arrestos y acoso por parte del gobierno.

 

En la arena política

Un ejemplo del importante, aunque subestimado, rol de las mujeres como políticas organizadas es Mariam Elmahdi, vicedirectora del partido Ummah y miembro prominente del colectivo opositor Sudan Call, formado por varios partidos, grupos rebeldes, y fracciones armadas. Ella fue la primera voz de la oposición en aparecer (antes de que Sudan Call se uniera con la Sudan Professionals’ Association, el cuerpo que actualmente lidera las protestas), desafiando a los prepotentes oficiales gubernamentales que aparecían en los boletines televisivos.

A Elmahdi le preceden numerosas mujeres en este área que allanaron el camino, como Fatima Ahmed Ibrahim, la primera mujer en el parlamento sudanés y una luchadora infatigable por los derechos de las mujeres a lo largo de los años. Sin embargo, pese a que  a nivel porcentual la cuota de parlamentarias supera el 25%, su representación en posiciones superiores de liderazgo en el seno de los partidos y el gobierno es baja. Muchas son marginadas dentro de sus propios partidos, y adolecen de capacidades técnicas, especialmente en zonas rurales y otros estados más allá de la capital.


Documentar y retransmitir la revolución

Las mujeres han jugado un papel vital en la documentación del movimiento, especialmente proveyendo de grabaciones y pruebas de la brutalidad policial, lo que las pone en peligro de arresto o de sufrir agresiones. Desde sus contextos profesionales y de base, han resultado ser un canal efectivo y de largo alcance poniendo ojos y cara a las protestas en los medios internacionales y las redes sociales. Las periodistas y blogueras han estado emitiendo actualizaciones e informes en diversos formatos, y para audiencias que, de no ser por ellas, difícilmente habrían siquiera escuchado hablar de estas manifestaciones.  Además de la palabra hablada y escrita, un hermoso flujo de diseños, bocetos, pinturas, infográficas o canciones realizadas por mujeres (y por hombres) han extendido el mensaje más aún. Después de todo, el arte puede ser más efectivo que las noticias a la hora atraer la atención internacional a las demandas de la gente normal «en guerra». Las sudanesas han estado haciendo uso de su arte para resistir, para documentar, para explicar, para glorificar y para recordar.

Por otro lado, en el actual mundo globalizado, las plataformas digitales han cumplido una importante labor de movilización allí donde los medios tradicionales han fallado. Los grupos de mujeres en Facebook han desarrollado un interesante y efectivo trabajo identificando a supuestos agresores del régimen por el nombre, puesto e incluso consiguiendo datos privados como su dirección, haciendo uso de la información disponible online. Las imágenes de policías y miembros de la inteligencia disparando a manifestantes se han distribuido en grupos específicos de mujeres, siendo identificados en cuestión de horas. Esto dificulta la impunidad de las fuerzas de seguridad que disparan contra civiles desarmados, porque las mujeres los identifican uno a uno en un instante. Esto ha dañado tanto al régimen que ahora los operativos de seguridad que atacan a los manifestantes recurren a taparse entera la cara para evitar ser identificados.

 

¿Por qué protestan las sudanesas?

Para entender cómo hemos llegado hasta aquí, debemos prestar atención a las condiciones bajo las que viven las mujeres en Sudán. Conocido por las violaciones de derechos humanos, las mujeres han estado durante décadas en el último eslabón de los abusos de este régimen.

Las mujeres de zonas en conflicto marginalizadas como Darfur, el Sur de Sudán, las Montañas Nuba o el Blue Nile han perdido a sus hijos, familia y medios de vida por la guerra y las hambrunas. Muchas de las que huyeron a la capital Khartoum son a menudo abandonadas por sus maridos, incapaces de mantener a sus familias.

Además, el gobierno ha puesto en su punto de mira la desarticulación de la agencia de las mujeres a través de la falta de educación: casi el 50% de las mujeres en Sudán son analfabetas. Violencias como la mutilación genital femenina (MGF) y la violencia doméstica están legitimadas e incluso son alentadas, so pretexto y protección de la religión y las costumbres locales.

Algunas leyes como la Public Order Act, que permite a la policía arrestar, multar, golpear y encarcelar a las mujeres por «vestir de manera inapropiada», han convertido las vidas de las mujeres en verdaderas prisiones. Por supuesto, además de todas estas violencias específicas, las mujeres, como el resto de ciudadanos de Sudán, se enfrentan a las penurias económicas y la inestabilidad política actual, justificando completamente su liderazgo en las protestas exigiendo libertad, paz y justicia.

 

Las otras mujeres

Y a pesar de todo, mientras muchas mujeres se manifiestan, no deja de ser verdad que otras muchas apoyan al régimen. Estas son fundamentales para acallar las voces de mujeres discrepantes dentro del partido. Alaban al régimen en hogares, vecindarios y reuniones sociales. Han estado ayudando a adoctrinar a los niños y niñas en los colegios para reclutarlos para el partido gobernante, el National Congress Party. Ellas también tienen acceso a hogares y familiares y vecinos, dibujando un retrato ideal del régimen, y extendiendo la venenosa red del miedo al cambio.

La naturaleza sudanesa relativamente conservadora, sumada a una educación deficiente y al arraigo de la obediencia al patriarcado facilita la adhesión y mantenimiento de esta base femenina de apoyo. Cualquier indicio de disidencia se etiqueta unánimemente de blasfemia y desagradecimiento. Y aún así, las voces de las mujeres progresistas se alzan sobre esta cansina retahíla, sacudiendo el status quo y guiando los vientos frescos de cambio.

A pesar de haber nacido en el régimen, muchas mujeres lo suficientemente jóvenes para ser las nietas de la junta militar en el gobierno están retando el poder y opresión del régimen y de la sociedad, abocando a ambos a una frenética histeria para mantener su poder absoluto. Pero incluso con la cuenta de muertos subiendo y la lucha recrudeciéndose, se escuchan dos mensajes alto y claro: no tenemos miedo. Y no vamos a retroceder.

 

Autoras: 

Reem Gaafar es una doctora, escritora, cineasta y activista sudanesa. Escribe un blog de manera regular en el que escribe sobre temáticas sociales, políticas, culturales y de género en Sudán.

Omnia Shawkat es una bióloga reconvertida en cuentista digital. Es fundadora de Andariya, una plataforma cultural digital bilingüe inglés-árabe sobre Sudán, Sudán del Sur, y Uganda. 

Artículo publicado gracias a la colaboración de African Feminism, y publicado originariamente en inglés en su web.

Traducción: Celia Murias

 

Foto de portada: Enero 2019, autoría desconocida, publicada por Andariya.

Tríptico de pintura: «Just fall» de Dalya Ismail

Collage: Mother Sudan is watchingYasmin E – Kandaka Khronicles

 

 

Tú también puedes escribir en Africaye

Comenta

  • (no se publicará)